lunes, 12 de diciembre de 2011

Cuento de Navidad: ensayando mi mejor sonrisa

     Estoy ensayando mi mejor sonrisa. Tengo que ensayar porque los regalos de Navidad están al caer.

     Mis experiencias anteriores anticipan el desastre: acabaré con botas goma de 100€ por aquello de que “me gusta la moda”, láminas de “El Guernica” por aquello de que “me gusta el arte”, osos como pendientes por aquello de que “me gustan las joyas”, objetos a los que llaman DIY por aquello de que “me gusta la artesanía” y  best-seller del momento por aquello de que “me gusta leer”. Todo rodeado de tan buenas intenciones que tengo que sacar mi mejor sonrisa y agradecer el detalle.

      Lo malo es que acabo inmersa en una vorágine de logos que aborrezco, de arte en cartón piedra que detesto, de objetos caros que me parecen inútiles. En resumen, dentro de un  universo al que todo el mundo llama lujo y que me repele.

      No se como explicar que el verdadero lujo jamás lleva logo, que detrás de estos regalos hay un discurso tan interiorizado que cuesta explicar lo contrario, que las botas de goma son tan solo plástico y que en el arte, como en la moda, los clones jamás son como el original.

      Es muy difícil hacer entender que es mejor ir a cualquier Universidad de Bellas Artes y comprar un cuadro al primero que salga por la puerta, virgen todavía de voraces galeristas, quizás no tenga tenga la lujosa enmarcación de la lámina de Picasso, pero tiene más valor.

     Es complicado que te entiendan que lo mejor es que vayan paseando por Madrid hasta llegar a la calle Leganitos. Que suban a visitar a Moisés Nieto, que les enseñe las maravillosas fotografías de Carlos Luque en las que están basados algunos de los estampados de su última colección ego-cibera, que les enseñe los bocetos de Abraham  Menéndez materializados en bordados espectaculares, que le inviten a café y que salgan con una bolsita de cartón (nunca envuelvas los regalos por conciencia medioambiental) con ropa para mí y una experiencia para ellos. No importa que no se acierte con la talla, siempre puedo descolgar la litografía y colgarlo de una percha en la salita.



P/V 2012 Moises Nieto

8 comentarios:

Miss Gwilt dijo...

Jaja.

Nunca me gustan los best-sellers. No me hace falta leerlos para saberlo. Y Picasso sólo me interesa hasta 1906.

¿Soy snob? No, doy fe. Sólo sé lo que me gusta y que cada vez me hace sentir menos culpable cambiar algo.

Sílvia dijo...

Y siempre puedes estar dispuesta a ampliar el campo de lo que te gusta ... pero lo que no me gusta cada día lo tengo más claro. Lo malo es cuando no guardan el tiquet: tengo guantes de lana negros para las próximas tres generaciones.
Lo contenta que se pondrá mi nena ante mi lecho de muerte con semejante legado ...

Miss Gwilt dijo...

Escamotearte el ticket es todo un acto de maldad. Un regalo es un buen indicador del grado de cariño e interés. Si además no te dan oportunidad de enmendar el error ajeno, el diagnóstico está claro. A no ser que el regalador sea de una torpeza increíble y encantadora.

ANDYTOP dijo...

Además de ensayar mi sonrisa estoy en mi plan de guiar a los regaladores con sutiles artimañas, jijiji.

Popfilaxis dijo...

Hablar de moda y terminar con una sonrisa, es complicado, sobre todo cuando no te esperas la reacción.

Felicidades por tu blog.

Un placer

http://popfilaxis.blogspot.com

Arthur Gil dijo...

Odio los best-sellers, de hecho los leo cuando ya se ha pasado la fiebre. Me encanta tu post. Brillante, como siempre. BESOS.

Maika Perez dijo...

Pelirroja querida, me parto con Picasso hasta 1906.

Silvia, ¡menudo legado!, jajaja

Popfilaxis,como sabes, nunca hay que perder el sentido del humor.

Gracias Arthur, me ruborizas.

Maika Perez dijo...

Andy, no me cabe duda que sutilmente les llevarás por el buen camino