martes, 22 de mayo de 2012

Karl y La Bestia

Los cuentos de hadas nos enseñan moralidad de la forma más sencilla del mundo. Los personajes son limpios, sin dobleces, los buenos son buenos y los malos son malos. Los buenos siempre ganan porque su conducta ejemplar, no puede tener otro final.
10330_141787873217_128095618217_2569899_5200792_n
En la Bella y La Bestia nos enseñan a mirar más allá de las apariencias y buscar lo bello en lo que no se ve. Gracias a este cuento se puede ver con otros ojos la colección crucero 2013 de Chanel.

La colección se presenta como una bestia. Las inspiraciones se mezclan sin sonrojo, corriendo el riesgo de que finalmente no se entienda lo que se cuenta. Los estilismos son tan distintos a la belleza que se presupone a la casa que es imposible imaginarse a los clientes de la casa con ellos.
chanel_pasarela_737172761_320x480
 
La bella se intuye en los pequeños detalles, en los artesanos de la casa, en la inteligencia de la persona que elige la puesta en escena que siempre nos da un titular (en esta última la referencia a Mª Antonieta es obligada), en lo importante que ha sido Karl en la historia de la firma, en lo que significan las chaquetas y bolsos de la casa. En definitiva, en todo lo que rodea al espectáculo que vimos.

Como en los cuentos de hadas, la belleza de la bestia se ve cuando termina el cuento, cuando miramos todo con perspectiva. Cuando el rey de Versalles abdique nos daremos cuenta que ha sido un gran rey y la última colección crucero no será más que una anécdota divertida.



Fotografías: Vogue, musical Bella y Bestia

miércoles, 2 de mayo de 2012

Esclavitud estética

El mundo de la moda, seguramente el mundo en general, nos somete a una esclavitud sin límite. No nos muestra imágenes con las que nos podemos sentir identificadas, nos muestra imágenes de lo que nos gustaría ser. Genéticamente preparadas para querer tener éxito y acostumbradas a pedirnos más cada vez, nos vemos arrastradas a querer ser más jóvenes y más delgadas.


untitledimagesCAFIX7XK


Me preocupa la idea de que cada vez necesitamos estirarnos un poquito más, que nuestros rostros parezcan máscaras hichadas rellenas de toxinas y que la edad que representa nuestras manos no coincida con lo que aparenta nuestro cuerpo.  Yo lo tengo claro, he encontrado la postura idónea para que no se me noten las (futuras) arrugas, manos arriba.